
Bueno, pues ya está, se acabaron las vacaciones.
El viaje fantástico, con algo de lluvia en los trayectos pero en los destinos el clima se ha portado. Es decir; para mi que se porte bien el clima es que no haga sol.
Fue la lluvia la que no me permitió visitar el valle del Jerte, ya que iba mal de tiempo, y me tenía que desviar como un par de horas bajo un pequeño diluvio. Queda pendiente.
Lo mejor del primer destino no fue la ciudad en sí, sino los paisajes que la envuelven. Las dehesas imponentes, moteadas con las sombras de las encinas, los gorrinos negros con la piel brillante campando a sus anchas por la capa fina de hierba y pequeñas flores de colores.
Y es que Mérida me decepcionó profundamente. Aquella ciudad no me transmitió nada, me dejó algo frío, salvo, claro está, las ruinas romanas que están en un estado de conservación alucinante.
Aquí hay que hacer un paréntesis: el momento jamón de bellota. Momento que me hizo olvidar por unos minutos mi desilusión por Mérida.
Después partí hacia Evora. Si el paisaje extremeño es alucinante el portugués, en el Alentejo, es igual, pero gana en enormidad, y la sensación de belleza te cubre por completo.
Nada más llegar lo que se presenta ante tus ojos es una descomunal muralla que envuelve el enorme montículo en el que se eleva esta pequeña ciudad. De la base del mismo nacen las callejuelas empedradas en sentido ascendente, con las fachadas de las casas color amarillo y blanco. En la parte más elevada encontramos la Catedral, el convento de Loios y el magnífico templo de Diana( el segundo que vi tras el de Mérida). Evora es una ciudad amable, chiquita, humilde. Ciudad descascarilladamente hermosa. Evora es una ciudad para pasearla y disfrutar de la tranquilidad. En la Iglesia de San Francisco encontraremos la impresionante
Capela dos Ossos. Capilla decorada con unos 5000 restos óseos humanos. Para que os hagáis una idea de lo impactante del lugar, a la entrada encontraréis la siguiente inscripción: "NOS OSSOS QUE AQUI ESTAMOS PELOS VOSSOS ESPERAMOS".
Quién no haya ido a Evora que no se prive, que vale realmente la pena.
Siguiente estación Sintra. El trayecto también fue digno de mención, sobretodo cuando al llegar a Lisboa se alza sobre ti el
Puente del 25 de Abril , justo delante del peaje. La imagen es, cuanto menos, imponente. Cuando atraviesas el puente y miras hacia los lados Lisboa se te muestra ante tus pies con una luz esplendida. El tajo, enorme y el Atlántico que lo devora.
Hay que advertir una cosa para los que crucen Lisboa en coche: cuidado con la velocidad con la que circulan los coches por las "rondas"lisboetas. Dan miedo...
Cuando llegas a Sintra te das cuenta que llegas a una zona muy mágica gracias a su entorno. Una neblina perpetua se cuela por la sierra frondosa de eucalipto invasor y denso bosque atlántico. De entre el verde y la bruma, conforme asciendes a la villa, vas viendo como aparecen puntas como agujas de las torres de casas y palacetes de un lujoso decadente que te emociona. Es un romanticismo decrépito, desconchado.
Sintra, la villa antigua, son realmente cuatro callejas muy infectadas por el turismo y el negocio que lo rodea. Lo realmente interesante de Sintra es el espíritu. La esencia misteriosa de sus "Quintas"(casas de campo) diseminadas por toda la sierra.
Ya sólo a la entrada te encuentras a la derecha el palacete de diferentes estilos, una casa de las típicas de película de terror. Su visita al interior no tiene un gran interés, la verdad.
Lo importante del lugar es el basto jardín que la rodea y las asombrosas imágenes que nos aguardan. En principio parece pequeño, pero si lo quieres ver todo has de invertir entre 3 y 4 horas. Entre sus joyas está una minúscula capilla, que desde lo alto su torre parece la de una pagoda. Túneles que sólo puedes cruzar con una linterna. Grutas enormes por las que te mueves con el murmullo del agua sobre ti. Caminos que se pierden en escaleras de caracol de arquitecturas imposibles. A todo esto le has de sumar el canto de miles de pájaros y una flora exuberante, que se va asilvestrando conforme vas ascendiendo hasta el muro que limita el fin de la finca.
Tras esta visita fuí al
Palácio da Pena, residencia habitual de la familia real .
Este palacio de colores es algo desconcertante la verdad. Es demasiado caótico en estilos, muy sobrecargado, muy denso de visitar con atención. Eso sí, las vistas desde el castillo son tremendas.
Por último y de vuelta para descansar de tanto coche, acabé en Calatayud. Donde me enteré que era uno de los pocos ciudadanos del mundo que no conocía a la Dolores( eso me dijeron en el hotel). Así que ante tal afrenta allí me fui a comer .
Para acabar fui al Monasterio de Piedra. Un lugar precioso pero bastante explotado por el turismo más nefasto que existe: el de grupos. Legiones de niños y de gentes venidas en decenas de autobuses lo invadían todo y rompían con la calma del lugar. El problema de estos grupos es que actúan a la vez, como los lobos, y cuando llegan a un punto pintoresco en el que sacar buenas fotos te comen...
Me he dejado muchas cosas, pero la verdad es que no me gustan estas entradas tan largas. Entiendo que para los que por aquí pasan es demasiado tedioso.
Pd.Me he zampado todo lo típico de cada zona. una de las cosas más grandes de viajar es probar los manjares de cada zona... Delicioso...
Aquí lo dejo,
Saludos a todos.